El orujo de aceituna y el alperujo representan los principales subproductos de la industria oleícola española, generando anualmente cerca de 4 millones de toneladas de material que ha evolucionado de ser considerado un residuo problemático a convertirse en un recurso de alto valor para la economía circular. España, como primer productor mundial de aceite de oliva con aproximadamente el 50% de la producción global y una previsión de 1,26 millones de toneladas en la campaña 2024/25, enfrenta el desafío y la oportunidad de gestionar eficientemente estos subproductos que se generan durante los meses de campaña entre octubre y marzo.
La transformación tecnológica del sector oleícola, especialmente la adopción masiva de sistemas de extracción de dos fases en más del 90% de las almazaras españolas, ha modificado significativamente las características y el volumen del alperujo generado. Este material, rico en materia orgánica, aceite residual y compuestos bioactivos, ofrece múltiples vías de valorización que van desde la producción de energía mediante biomasa y biogás, hasta la extracción de aceite de orujo, compostaje para uso agrícola, y la obtención de compuestos de alto valor añadido como polifenoles y antioxidantes. El mercado del alperujo presenta una estacionalidad marcada, con variaciones importantes en precios según el contenido graso, humedad, ubicación geográfica y la demanda energética, convirtiéndose en un elemento clave para la sostenibilidad económica de almazaras y empresas de valorización.
España mantiene su posición como referente mundial en el sector vitivinícola, con una superficie de viñedo de vinificación que supera las 900.000 hectáreas, consolidándose como el país con mayor extensión de viñedo del planeta. Esta posición privilegiada genera no solo vino de reconocida calidad, sino también cantidades significativas de subproductos derivados del proceso de vinificación. Con una producción anual de vino que oscila entre 35 y 40 millones de hectolitros según las cosechas, el sector español genera aproximadamente entre 2 y 3 millones de toneladas anuales de subproductos, principalmente orujo de uva, lías de vino y raspón, cuya correcta gestión y valorización representa tanto un desafío medioambiental como una importante oportunidad económica.
La transformación de estos subproductos en recursos valiosos ha evolucionado significativamente en los últimos años, impulsada por los principios de economía circular y sostenibilidad. Desde la destilación para obtener alcoholes y aguardientes hasta la extracción de compuestos bioactivos de alto valor añadido como polifenoles, ácido tartárico y aceite de pepita de uva, el aprovechamiento integral de los residuos vitivinícolas se ha convertido en una prioridad estratégica para bodegas, cooperativas y empresas de valorización. Este artículo analiza en profundidad las características, aplicaciones y mercado de los principales subproductos vitivinícolas, proporcionando información actualizada sobre precios, normativa aplicable y oportunidades de negocio en este sector en expansión.